El guión que nunca uso y el em dash que no sé pronunciar

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Durante años escribí guiones normales. El de menos y el de más. El que separa sílabas cuando una palabra no cabe en la línea. El que une palabras compuestas. Nunca me pregunté si había más. Entonces, una tarde que no tenía nada urgente que compilar, me topé con el em dash, y algo hizo clic.

Primero, la vergüenza de no saber que existían

Soy programador. Paso el día rodeado de símbolos. Llaves, corchetes, puntos y comas que en Java significan cosas muy concretas. Pero fuera del código, en el texto normal, había vivido en un mundo de puntuación muy básica. Punto. Coma. Punto y coma, casi nunca. Paréntesis cuando no sabía cómo integrar algo en la frase. Y el guión, ese pobre guión, para todo lo demás.

Lo que no sabía es que ese «todo lo demás» tenía nombre propio. Varios nombres, de hecho. El guión corto o en dash (–). El guión largo o em dash (—). Y el guión normal de toda la vida, que técnicamente se llama hyphen y que es el más corto de los tres. Tres criaturas distintas que yo había tratado como si fueran la misma.

Me enteré leyendo en inglés, como casi siempre me entero de estas cosas. Un artículo sobre escritura donde el autor los usaba con una naturalidad pasmosa, y yo los veía ahí, más largos de lo normal, y pensaba que era algún estilo tipográfico raro. Tardé más de lo que me gustaría admitir en darme cuenta de que era deliberado.

Lo que cambia cuando entiendes para qué sirven

El em dash hace algo que no hace nada más. Interrumpe. Corta. Mete un inciso sin pedir permiso. Es como cuando estás contando algo y de repente te viene un detalle que no puedes no mencionar ahora mismo —aunque rompa el ritmo— y luego sigues. Los paréntesis hacen algo parecido, sí, pero más tímido. El paréntesis pide disculpas. El em dash no.

El en dash, ese del medio, es más tranquilo. Rangos de números. Relaciones entre cosas. Del 2019 al 2023. Madrid–Barcelona. Menos dramático, más funcional. Me cae bien por eso.

Pero el que me cambió algo en la cabeza fue el largo. El em dash. Porque me hizo ver que yo construía frases evitando cierta tensión. Ponía paréntesis donde en realidad quería interrumpir. Dividía en dos oraciones lo que podría haber sido una sola con carácter. Era como descubrir que llevas años atornillando con un cuchillo porque no sabías que existían los destornilladores. Un poco ridículo. Bastante liberador.

En español, la cosa se complica un poco

En español tenemos el guión largo de toda la vida para los diálogos. Eso ya lo sabía. Pero resulta que en tipografía española el uso del em dash en mitad de una frase no está tan codificado como en inglés. Hay quien lo usa, hay quien no, hay libros de estilo que lo ignoran y correctores ortotipográficos que lo señalan como error sin serlo.

Yo decidí usarlo de todas formas. Con criterio, o al menos con intención. Cuando escribo en el blog, cuando escribo sobre los gatos que tenemos en acogida, cuando anoto cosas en el cuaderno. Y si algún purista del español normativo me lo reprocha, lo escucho y sigo haciendo lo mismo.

El problema práctico: ¿cómo lo escribes?

Aquí es donde un programador tiene ventaja y desventaja a la vez.

Ventaja: no me asusta editar configuraciones, mapear atajos de teclado o buscar el código Unicode de un carácter. El em dash es U+2014. Me lo sé de memoria, que es una información completamente inútil para la mayoría de la población y sin embargo me resulta tranquilizadora.

Desventaja: paso entre tres entornos distintos sin pensar. El IDE, el editor de texto del blog, el cuaderno de notas en el móvil. En cada uno la forma de insertar el em dash es distinta. En el Mac hay un atajo. En Windows hay que saber si tienes teclado numérico o no. En el móvil depende del teclado que uses. En WordPress a veces aparece el autoformato y convierte dos guiones en em dash, y a veces no, y nunca sé por qué.

Al final adopté la solución más torpe posible: un fichero de texto con los tres guiones copiados, y cuando los necesito, copio y pego. Ningún atajo elegante. Puro copy-paste. Un programador de verdad se avergonzaría. Yo ya he hecho las paces con eso.

Lo que me pasó al empezar a usarlos de verdad

Hubo un momento concreto. Estaba escribiendo sobre Kafka —el gato, no el escritor, aunque con ese nombre la confusión es inevitable— y no sabía cómo meter en la frase que había llegado asustado, que tardó semanas en asomarse desde debajo del sofá, sin que sonara a lista de hechos. Probé con comas. Quedaba plano. Probé con paréntesis. Quedaba como nota al margen, y no quería que fuera una nota al margen, quería que fuera parte de la frase, de la tensión de la frase.

Lo reescribí con em dash: Meleys llegó asustada —tardó semanas en asomarse desde debajo del sofá— y desde el principio supe que iba a necesitar más paciencia que cualquier otro.

Algo encajó. No sé si es la frase perfecta. Pero tenía un ritmo que antes no tenía. Una respiración distinta. Y eso fue suficiente para que siguiera prestando atención a estas cosas.

Leí después un artículo que se llama Of Course I Overuse Them, que habla de exactamente esto: la tendencia a pasarse con estos signos una vez que los descubres. Es un aviso legítimo. Yo mismo tuve una fase de em dash en cada párrafo que, vista con distancia, era un poco agresiva. Ahora intento que ganen peso por escasez. Que cuando aparezcan, signifiquen algo.

Por qué me parece relevante para alguien que escribe en español

Mucho de lo que leo sobre escritura está en inglés. Las herramientas, los blogs, los libros de estilo que más me han influido. Y hay una tendencia a trasladar esos recursos directamente al español sin pensar si aplican igual. A veces aplican. A veces no.

Con los guiones, la respuesta es: depende de lo que quieras. El español tiene sus propias convenciones tipográficas, y son respetables. Pero también hay espacio para decisiones personales de estilo, especialmente si escribes en un blog tuyo donde nadie te va a corregir el original. Puedes elegir. Y elegir con conocimiento es mejor que no saber que la elección existe.

Yo tardé demasiado en saber que existía. Pero llegué. Y ahora cuando veo un em dash en cualquier texto, sea en inglés o en español, lo leo de otra forma. Como una pequeña decisión que alguien tomó. Un momento donde el escritor dijo: esto va aquí, así, con este peso.

Me parece bien. Me parece suficiente razón para seguir aprendiendo cosas que nadie me enseñó en la carrera.


Inspirado parcialmente en: Of Course I Overuse Them

Foto: A close up of an old typewriter keyboard por Jason Leung en Unsplash.

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