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Habitualmente las personas creemos que el fin de la vida es encontrar la felicidad plena. Seguramente eso sea una utopía, o no, pero la felicidad nunca debería ser el objetivo, sino el camino por el que nos movemos. Y antes incluso que perseguir esa felicidad, hay algo más sencillo de decir y más difícil de hacer: ser uno mismo.
Más importante que ser felices es ser nosotros mismos. Porque una persona nunca será feliz sin ser ella misma. Podrá acercarse, pero no será felicidad, seremos actores que interpretamos un papel para poder ser reconocidos y valorados por los demás. Podremos rodearnos de momentos alegres, llegar a un estado de satisfacción por lo logrado, pero si realmente no somos nosotros mismos, todo ello será una máscara que con el tiempo se terminará cayendo.
¿Y qué es ser nosotros mismos?
Nada más que pensar, actuar y hablar lo que realmente sentimos desde dentro. No guardarnos nada que nos pueda reprimir, porque eso hace mella. Ser uno mismo también es demostrar que uno tiene la capacidad de decidir por su cuenta.
También es no depender de opiniones externas, aunque se esté de acuerdo, no guiar las acciones de uno mismo por lo que piensen o digan los demás, porque entonces seremos marionetas o el reflejo de cómo quiere vernos la gente que nos rodea, sin tener criterio propio. Se pueden aceptar consejos, pero muchas veces las personas solemos dar nuestro punto de vista sin pedir permiso, ni preguntar al receptor si quiere que se lo demos.

Pero ¡ojo!, ser uno mismo no tiene que ser siempre bonito, o alegre. Según la leyenda, Charles Chaplin dejó este poema:
Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú.
Charles Chaplin
Más allá de si es cierta la autoría, o no, lo importante es su mensaje: no es ser feliz, rehuir el conflicto, o evitar los problemas, para estar en un estado de felicidad aparente. Lo importante es ser uno mismo, independientemente de la opinión y los pensamientos de los demás. No es el camino fácil, pero sí el que más frutos te proporcionará.
Además, actuando de esta manera también, instintivamente, se aprende a aceptar a los demás, a respetar su situación, sus momentos, y entonces, por arte de magia, aceptándolos como son deja de afectarte lo que ellos pudieran opinar de ti. Es el pez que se muerde la cola. Es todo un círculo.
No es fácil, pero ¿lo comprobamos? Puedes dejarme un comentario y contarme qué te ha parecido esta reflexión.
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