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Esta mañana, después de una noche de haber soñado, me ha venido la inspiración para escribir estas líneas. No me acuerdo exactamente lo que he soñado, cosa habitual, pero sí que me quedado con las sensaciones que he sentido. Y eso es lo que quiero compartir contigo hoy.
Me resulta difícil escribir mientras Bella está posada en mi libreta. Siempre lo hace, ya sea cuando leo o plasmo mis ideas en un papel, ella tiene que estar allí para captar mi atención. Después de intentar educarla muchos días para que no lo hiciera, me he rendido a la evidencia. Es mejor adaptarme, aprovechar la opción que me ofrece de, mientras con una mano elaboro esta reflexión, con la otra la acaricio. Eso me produce paz, y hace que no me sienta solo.
Porque, la soledad se puede experimentar estando acompañado con amigos en un concierto o, paradójicamente, sentirte arropado cuando uno está físicamente solo, como yo ahora, junto con Bella, Oli y Kika.
No es un estado físico, la soledad no se puede ver, tampoco palpar, ni evaluar o cuantificar. Es algo más íntimo, estrictamente personal, y diferente para cada persona. Cada uno la sentimos de diferente manera.
«El lenguaje ha creado la palabra aislamiento para expresar el dolor de estar solo. Y ha creado la palabra soledad para expresar la gloria de estar solo.»
— Paul Tillich

Son las experiencias y vivencias, la manera de afrontarlas, la forma de sentirse rechazado o apoyado, lo que va forjando ese sentimiento, porque eso es realmente la soledad, un sentimiento.
Como decía antes, después de soñar me han venido varias preguntas: «¿Por qué hago tantas cosas?¿Por qué estoy en tantos grupos: peña, cofradía, protectora, asociación de escritores, el grupo de juegos de Rol…?, realmente miedo me da la respuesta, porque en el fondo no es algo que desee escuchar.
Y no lo deseo escuchar porque creo que en el fondo con tanta actividad estoy buscando no llegar a sentir esa soledad. Parar para mí era comenzar a sentirme vacío, como si mi vida nunca estuviera plena. Pero hoy ya no.
Tengo a mis gatos, a mis amigos, mi familia, objetivos, creencias e ilusiones. Todo eso hoy es la gasolina del motor de mi vida. Me ayuda a «luchar» por lo que creo, en definitiva me ayuda a vivir. Por eso hoy, aunque esté a ratos solo, nunca me siento así.
Aunque, no es menos cierto que anhelaría compartir mi vida con una media naranja. Pero ya no sufro por no hacerlo. He aprendido a disfrutar con quien soy, y lo que tengo, sin arrepentirme por lo que pudo haber sido o podría ser.
No es conformismo, aunque lo puede parecer, ya que si yo no estoy a gusto en cualquier momento, no lo voy a estar con alguien a mi lado.
¿Qué me ha ayudado a sentir y pensar de esta manera? Aunque hay personas, una en especial, y momentos que son los artífices de este cambio de mentalidad, lo mas importante es buscar un tiempo para pasar con uno mismo. Sí, paradójicamente ratos de estar solo, sin pensar en nada, ni en nadie, dejando que las ideas fluyan, aparezcan y se desvanezcan por sí mismas.
Buscar tiempo para escribir, leer, acariciar a mis gatos, o simplemente para no hacer nada, esas son las vitaminas que necesito para «recargar pilas». Por tanto, puedo asegurar que no es lo mismo estar solo, que sentirme en soledad.
Aquí te dejo un libro que me ha ayudado mucho estos últimos meses para darme cuenta quien soy, y qué no.
El algoritmo de la felicidad
Un libro que me ha ayudado a ver la vida de otra forma
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